Poso, ergo sum
Volvamos a lo de antes
Miro las fotografías y abrazo tanto los recuerdos de lo que he sido en esos lugares que a mis brazos insuficientes se le desbordan los colores.
Soy yo aún sin estar en la imagen, sin aparecer ni buscar protagonismo. Soy el que miró aquel paisaje y soy el que ahora vuelve a encuadrar, esta vez en la memoria, la majestuosidad de un instante.
Los lugares son y siempre han sido sin nosotros. Existen en una línea del tiempo más larga y trascendente que la nuestra, pero nos invitan a visitarlos. Si nos acercamos, corremos el riego de querer cobijarlos. Es entonces cuando dejamos una parte en ellos y cuando robamos, a cambio, un poco de su belleza a través de las imágenes.
Cuando por un acaso las fotos golpean y nos llevan de nuevo a ese lugar, incluso mucho tiempo después de completar un viaje, seguimos observando en esa pausa temporal que permite evocar la sensación del viento a través de los dedos y el sonido de los pajaros. O a veces del silencio.
Abrir esa ventana en que se convierte una foto y que da hacia el pasado tiene que ver con algo más profundo que la mera prisa por compartir una imagen en las redes sociales en busca de Likes; es mirar por el placer de mirar y dejar que la inmensidad del paisaje se extienda hacia adentro de nosotros al cerrar los ojos como para perpetuar el momento.
Soy el que disfruta el momento y entiende sus limitaciones. Que ni el mundo ni la vida giran en torno a mí. No soy y no quiero ser aquel que extiende el brazo mientras corre para hacer una selfie del montón.
Una foto es información vacía si no es acompañada de la memoria de lo que sentimos aquel día ,de lo que comimos, de lo que dejamos de hacer para llegar ahí y de las personas con quienes compartimos el viaje, del pensamiento que cruzó nuestra mente en ese momento.
Pero, sobre todo, está vacía tanto como el fotógrafo si no es la consecuencia lógica del disfrute contemplativo por un periodo prolongado y si no es fruto de la pequeñez que sentimos ante la inmensidad del mundo.
Antes, cuando la foto valía algo y cuando las palabras intentaban dotar de significado a la existencia , sólo se tenían 24 ó 36 oportunidades para capturar con precisión un momento en el 35 mm. Ahora cuando las fotos en el celular son infinitas todo parece ser importante: un entrenamiento, una fiesta, un plato con comida, una sonrisa, una pose....
Y cuando todo es importante, resulta que nada realmente lo es.

